
no tenía papá dijo nuestra vecina, pero tenia una madre extraordinaria... Traslita!!!
Pienso que todos decimos lo mismo de nuestras madres, pero en el caso de Traslita, es una opinión generalizada entre todos mis amigos, todos la querían tener de "mamá" y no pocos de mis amigos la llamaban "mi mamá adoptiva", cosa que a ella le encantaba, una de las cosas que más me envidiaron siempre mis amigos fué a ¡mi mamá!
Traslita tenía veintiocho años y era lo que allí llamaban una mujer "abandonada", con dos hijos en torno a los cuáles giraba toda su vida. A pesar de todo era muy alegre y divertida y su cualidad más resaltante, yo diría que era una decisión -que llegaba a la osadía- por vencer las adversidades que la vida siempre le había ido esparciendo en su camino desde muy niña. He hablado de mi optimismo desbordado, pero lo de Traslita no era optimismo, no, lo de ella era una decisión aguerrida por ganar "esa batalla" y las que vinieran.
Mamá era y ¡ES!, una persona muy estricta y absoluta en sus ideas, pero a la vez muy liberal en la práctica, más que una contradicción, son dos facetas de un mismo ser, maravilloso y valioso donde los haya, así nuestra educación siempre fué muy estricta en cuanto a sus interminables "discursos" sobre la moral, la sociedad, la ecología... si, si... ¡la ecología!... mamá era y es una fiel practicante y defensora de la ecología, desde mucho tiempo antes de estar de "moda". Sus reproches hacia nosotros, más que de tipo moral, eran siempre de tipo ecológico. No hace muchos años, yo, que he heredado de ella esta manía por los "discursos", le estaba ofreciendo a ella uno muy bonito sobre ¡ecología!, cuando hice una pausa para que ella pudiera decir algo, me miro y me dijo: ¿ecologista eh?... ¡ecologista es aquel que bota menos!, yo como siempre -muy buena en teoría y bastante deficiente en la práctica- tengo la mala costumbre de gastar mucho papel para todo y a eso se refería Traslita . Siempre la ponía muy triste el despilfarro de todo tipo. Ella, que siempre ha sido una persona muy austera, piensa que los seres humanos no necesitan de tantas cosas para vivir en paz y en armonía con la naturaleza, a la que ama. Ahora en su pequeñísima casita rodeada de flores, coloca un cuenco de agua en el lugar más bonito de su patio, y allí toman agua en perfecta armonia: su gatita ¡Valentina!, los pajaritos y los lagartos, que corretean por el patio a sus anchas...
muchas veces la encuentro observándolos enternecida, y de verdad les aseguro que no le falta razón. Es algo entrañable de verdad, ver con cuanta armonía y respeto, se turnan para beber agua y en el caso de los pajaritos darse unos baños que ya envidiarían los asiduos clientes de los mejores balnearios del mundo.
Pienso que todos decimos lo mismo de nuestras madres, pero en el caso de Traslita, es una opinión generalizada entre todos mis amigos, todos la querían tener de "mamá" y no pocos de mis amigos la llamaban "mi mamá adoptiva", cosa que a ella le encantaba, una de las cosas que más me envidiaron siempre mis amigos fué a ¡mi mamá!
Traslita tenía veintiocho años y era lo que allí llamaban una mujer "abandonada", con dos hijos en torno a los cuáles giraba toda su vida. A pesar de todo era muy alegre y divertida y su cualidad más resaltante, yo diría que era una decisión -que llegaba a la osadía- por vencer las adversidades que la vida siempre le había ido esparciendo en su camino desde muy niña. He hablado de mi optimismo desbordado, pero lo de Traslita no era optimismo, no, lo de ella era una decisión aguerrida por ganar "esa batalla" y las que vinieran.
Mamá era y ¡ES!, una persona muy estricta y absoluta en sus ideas, pero a la vez muy liberal en la práctica, más que una contradicción, son dos facetas de un mismo ser, maravilloso y valioso donde los haya, así nuestra educación siempre fué muy estricta en cuanto a sus interminables "discursos" sobre la moral, la sociedad, la ecología... si, si... ¡la ecología!... mamá era y es una fiel practicante y defensora de la ecología, desde mucho tiempo antes de estar de "moda". Sus reproches hacia nosotros, más que de tipo moral, eran siempre de tipo ecológico. No hace muchos años, yo, que he heredado de ella esta manía por los "discursos", le estaba ofreciendo a ella uno muy bonito sobre ¡ecología!, cuando hice una pausa para que ella pudiera decir algo, me miro y me dijo: ¿ecologista eh?... ¡ecologista es aquel que bota menos!, yo como siempre -muy buena en teoría y bastante deficiente en la práctica- tengo la mala costumbre de gastar mucho papel para todo y a eso se refería Traslita . Siempre la ponía muy triste el despilfarro de todo tipo. Ella, que siempre ha sido una persona muy austera, piensa que los seres humanos no necesitan de tantas cosas para vivir en paz y en armonía con la naturaleza, a la que ama. Ahora en su pequeñísima casita rodeada de flores, coloca un cuenco de agua en el lugar más bonito de su patio, y allí toman agua en perfecta armonia: su gatita ¡Valentina!, los pajaritos y los lagartos, que corretean por el patio a sus anchas...
muchas veces la encuentro observándolos enternecida, y de verdad les aseguro que no le falta razón. Es algo entrañable de verdad, ver con cuanta armonía y respeto, se turnan para beber agua y en el caso de los pajaritos darse unos baños que ya envidiarían los asiduos clientes de los mejores balnearios del mundo.