lunes, 23 de julio de 2012

"Escuela Nacional Tamaré"



Llegamos a Venezuela en el mes de septiembre y comenzamos a asistir a la escuela inmediatamente.  Nuestra escuelita la "Escuela Nacional Tamaré" era muy sencilla y bonita rodeada de grandes jardines naturales, con muchos árboles y huertos escolares que se hacían alrededor de sus inmensos troncos, allí se sembraban tomates, pimentones, zanahorias, remolachas, berenjenas y algunas flores, los alumnos nos encargábamos de regar los huertos todos los días, se habían formado 'comisiones' y cada una tenía su misión, nos íbamos turnando cada semana, así todos teníamos la oportunidad de aprender a realizar todas las actividades.  A mí me encantaba regar los huertos y quitarle la hierba a los cultivos, pero aunque no me gustara mucho, a la semana siguiente me tocaba estar en la comisión de limpieza del salón de clases, la cual realizábamos de la siguiente manera: esparcíamos por todo el piso que era de cemento, aserrín húmedo para no levantar mucho polvo y después se iba barriendo poco a poco, otros niños se encargaban de pasar el 'coleto' y otros de 'encerar' el piso, lo que se hacía con velas que se derretían en un recipiente y se le agregaba después un poquito de kerosene, todo esto siempre bajo la dirección y la ayuda del maestro de guardia.  Después de 'encerar', había que sacarle brillo al piso... sobre un trapo grande, nos sentábamos dos niños y otros dos niños lo iban arrastrando, así hasta que quedaba el piso como un "espejo" ¡brillante!... que trucos más lindos y ecológicos existían cuando no había tanto "progreso".


Pasaban los días y nuestra vida era de verdad un bello sueño, disfrutábamos al máximo la 'Mansión' durante el día y en la noche, después de cenar y ver la televisión un rato, nos íbamos a nuestro 'galpón-refugio'... allí cada uno se dedicaba a su labor, todo era bullicio y actividad, teníamos una radio muy grande y bonita, el sonido de la radio se mezclaba con el ruido de la máquina de coser de mamá, la sierra de carpintería de papá y el 'click' 'clack' de las teclas de mi máquina de escribir, el único que nunca hacía ruido era mi hermano que siempre estaba estudiando o ayudando en silencio a papá. 


Sólo un pequeño detalle ensombrecía mi inmensa felicidad... mis rubios rizos, pero sobre todo aquella forma de hablar tan peculiar de los "canarios", delataban que no era venezolana, los niños en la escuela nos empezaron a llamar "los musiuítos"... aunque no sabía exactamente lo que significaba aquella palabra - me han contado que posiblemente proviene de la palabra francesa 'monsieur'- a mí me molestaba, y más me molestó cuando me dijeron que lo usaban para referirse a los que no eran venezolanos. Después de una semana tomé la decisión de poner fin a lo que impedía 'mi completa felicidad'... y empecé a decirle a todos mis compañeritos que el que era "musiuíto" era mi hermano, que yo era venezolana... así yo empecé a ser 'María Nieves' y mi hermano continuó siendo "el musiuíto". Nunca le conté a mi hermano lo que había hecho, pero no creo que le hubiera importado, en primer lugar porque siempre me ha consentido mucho y en segundo lugar porque él nunca le ha dado importancia a estos pequeños detalles, a este tipo de divisiones, a las... "fronteras", como tampoco le ha importado nunca lo que digan y piensen de él.


Siendo una niña completamente feliz llegaron las festividades navideñas y con ellas un sin fin de emociones nuevas, de costumbres nuevas...  el inmenso "nacimiento" en la 'Mansión' fue una de ellas, ocupaba toda una pared en el gran salón, nosotros ayudamos en todo, 'sembramos' lentejas sobre algodón, las colocamos en un lugar oscuro y cuando germinaron y empezaron a tomar el color verde las colocamos en el nacimiento fingiendo huertas de cultivos, pintamos grandes papeles con pintura marrón y verde, después lo arrugamos y lo volvimos a estirar un poco para formar las montañas colocando debajo de él cajas de diferentes tamaños, construímos casitas de cartón, hicimos grandes lagos con papel azul colocado debajo de cristales, hicimos cascadas con papel aluminio y no se cuantas cosas más que nos llenaban de júbilo a todos en la gran casa. 


En nuestra escuelita además del nacimiento y el arbolito de navidad realizamos un bellísimo acto cultural... 


Cuanto me gustó el baile de los...


¡Chimichimitos!



las representaciones de...

¡"La Burriquita"!



¡"El Pájaro Guarandol"!


¡"El Carite"!

Recuerdo que lo que más me impresionaba era tanta alegría y color.

Después llegó la primavera y con ella un acontecimiento que no olvidaré jamás... en el jardín de nuestra escuelita uno de los árboles empezó a llenarse de flores y en pocos días no tenía ya ni una sóla hoja, todo eran flores amarillas... el maestro Romero nos dijo entonces que dibujáramos, para colocar nuestros dibujos en la Cartelera, 


al... ¡Araguaney!








jueves, 19 de julio de 2012

¡Una verdadera familia!



Allí estaban nuestros queridos padres... con los brazos abiertos y las lagrimas corriéndoles por sus mejillas... nosotros, que junto al oficial del barco veníamos a su encuentro de repente nos quedamos paralizados, mi hermano estaba muy colorado y en silencio como siempre y yo con la boca abierta sin poder decir una palabra ante la imagen de papá... es posible que en lo más profundo de mi alma me hubiese asaltado alguna vez la duda de que papá existiese de verdad y que estuviera en Venezuela , quizás en algún momento llegue a pensar que nuestra vecina en el pueblito tenía razón y que yo no tenía papá, lo cierto es que al ver a papá al lado de mamá... sentir la mano de mi hermano en la mía y tener la certeza de que sólo un paso nos separaba para estar los cuatro juntos otra vez como una verdadera familia eran demasiadas emociones para la niña sensible que yo era... las piernas me temblaban y perdí la noción del tiempo... de pronto sentí los brazos protectores de mamá que para estar a mi altura se había arrodillado delante de mí y me abrazaba, después fue papá el que como si de una plumita se tratara me alzó en sus brazos y yo me aferré a él temiendo que alguien pudiera deshacer aquel sortilegio...


retiramos de la aduana nuestra maleta y emprendimos el viaje hacia nuestro nuevo destino...
¡Aguirre!


Aguirre es un pintoresco pueblito del estado Carabobo, cerca de Montalbán, de Bejuma y de Canoabo, pueblos bellísimos y de tierras muy fértiles, con un clima agradable y gente maravillosa. Nuestra llegada a él no podía tener mejor escenario... en la noche de aquel mágico día llegamos a la 'mansión' de un hacendado 'canario-cubano-venezolano' bastante adinerado "Don Venancio", su mujer Doña Marta, una auténtica dama y sus ocho hijos que tenían la particularidad de que todos sus nombres empezaban con la letra "E"... ¡eran de verdad un encanto!...

nos recibieron como parte de su familia y mi hermano y yo, que gracias a tía Adelaida parecíamos unos 'principitos' no desentonábamos para nada en aquel ambiente de verdadero lujo.



Mamá y papá trabajaban en la hacienda, papá era el encargado de los cultivos de la finca (papas, naranjas y mandarinas) y mamá ayudaba a Doña Marta en las labores del hogar.

Jamás dejaré de agradecerle a la vida el echo de haber mantenido mi paso por este mundo en un equilibrio de sencillez y humildad, no es fácil cuando se te presentan momentos -y yo he tenido muchos- en los cuales puedes dar rienda suelta a tu orgullo y a tu vanidad, parece ser que los seres humanos somos muy débiles y se necesita tener 'suerte' para mantener ese equilibrio... así que ¡gracias a la vida!... fuimos recibidos en la 'mansión' de la finca, pero no viviríamos allí...

nuestra casa era un 'galpón' que estaba cerca de la señorial casa, contaba con un sólo ambiente, pero las siempre creadoras manos de papá pronto lo convirtieron por dentro en una simpática y acogedora... 'casita'. 

Con un material llamado cartón piedra papá hizo divisiones para nuestros cuartos y todo el espacio que sobró lo dejó así... ¡un sólo ambiente!...
En una parte de ese espacio instalamos una especie de cocinita para lo esencial, ya que comíamos en la 'mansión' con los dueños de la finca y sus hijos, en otro sitio se instaló papá con sus herramientas y su mesa de carpintería, mamá con su máquina de cocer y su costura al lado de papá, mi hermano con su mesita y sus libros escolares un poco más allá y yo, que aunque también tenía mi mesita, mis obligaciones escolares y mis muñecas, la mayor parte del tiempo 'hogareño' me lo pasaba sentada delante de... ¡la máquina de escribir!



sí, aunque parezca increíble... cuando llegué a Venezuela y a nuestro 'galpón' papá tenía a mi completa disposición ¡una máquina de escribir!... parecida a aquellas que yo tanto admiraba allá, en el ya lejano Tenerife y en aquella majestuosa compañía naviera donde trabajaba -limpiando las oficinas- la tía Adelaida.   



Así era mi carroza de 'cenicienta' la que me llevó desde el puerto de La Guaira hasta las puertas de este cuento de hadas que continúa hasta el día de hoy!

martes, 17 de julio de 2012

A través de mis ojos...






de niña soñadora, pude ver por primera vez a mi querida Venezuela desde la cubierta del 'Montserrat'... era de noche y nos llamaron para que viéramos a lo lejos las luces de nuestro añorado destino. Desembarcaríamos por la mañana y durante toda la noche no pude dormir... soñaba despierta con aquellas lucesitas en las montañas... detrás de ellas estaban nuestros padres, que ya vendrían en camino hacia nuestro encuentro, mi emoción era indescriptible, estaríamos de nuevo con mamá y... ¡con papá!... podría tocarlo y comprobar que no le había mentido a la vecina de nuestro pueblito... ¡tenía papá y estaba en Venezuela!


Por la mañana todo era algarabía y felicidad en el barco, sólo que para nosotros se vio empañada de repente por un imprevisto acontecimiento... papá y mamá no estaban en el muelle del puerto de La Guaira, habían tenido un pequeño accidente: al 'carro' en el que viajaban (un Ford último modelo con unas impresionantes alas en la parte de atrás) perteneciente a un amigo que se había ofrecido para acompañarlos, se le dañó una rueda y no pudieron llegar a tiempo para recibirnos...


Doña Amelia, una dulce y entrañable mujer que viajaba con su hijo y su nuera a reunirse también con sus familiares en Venezuela, los cuales eran amigos de mamá y papá, se había encargado de cuidarnos durante el viaje a petición de nuestros padres, cuando vio que las autoridades del barco no nos dejaban bajar con ella, comenzó a llorar y a suplicarles, pero todo era en vano, se negaban rotundamente y le explicaban que los únicos responsables de nosotros eran ellos, que su deber era entregarnos a nuestros padres y que si ellos no se presentaban, nos llevarían a un campamento, donde podrían ir a buscarnos después... otra vez nos tocaba esperar la tan ansiada felicidad!


Doña Amelia llorando tuvo que desembarcar y nosotros junto a un oficial, subimos a la cubierta del barco con la ilusión de distinguir entre la multitud que se había aglomerado en el muelle, las queridas siluetas de mamá y papá...con infinita tristeza veíamos como todos iban abandonando el barco y se fundían en interminables abrazos con sus familiares y amigos que los habían venido a recibir... y de repente mi hermano gritó ¡allá... allá están mamá y papá!...

lunes, 16 de julio de 2012

¡Venezuela!



Y... rumbo a Venezuela, al encuentro con nuestros padres y con esa hermosa, generosa y hospitalaria Patria que ¡adoro!



"El Montserrat, casi gemelo del Begoña (tenía variantes en la superestructura, con una cubierta menos), fue construido en 1945, también en Baltimore, como buque de carga, para la Armada de Estados Unidos, saliendo del astillero con el nombre de Wooster Victory. Entre 1948 y 1949 fue utilizado para llevar al nuevo estado de Israel a cientos de judíos refugiados en China durante la Guerra Mundial. Después, siguió el mismo camino que el Begoña, pues en 1950 fue comprado por la Sitmar Line y convertido en buque de carga y pasaje, con el nombre de Castel Verde, pasando en 1957 a la Trasatlántica, que lo cambió de nombre con el ya citado.
Con capacidad para 825 pasajeros, sirvió la línea de Centroamérica con los mismos puertos de recalada que el Begoña , teniendo parecidas averías, siendo la más importante en agosto de 1970, cuando hacía el viaje de Venezuela a Tenerife y se averió en medio del Atlántico, teniendo que ser recogidos sus más de 600 pasajeros, dos días después, por el Begoña. El trasbordo de ellos se realizó en unas condiciones de mar bastante agitada, por lo que hubo que echar petróleo a la mar para realizar la operación, que comenzó en la amanecida y duró hasta la una de la tarde. El Montserrat procedió a Curaçao, donde hizo una reparación provisional y siguió haciendo, a trancas y barrancas, la línea. En febrero de 1973 completó su última singladura, desembarcando en Vigo a 46 pasajeros procedentes de Inglaterra. Después, fue llevado hasta Castellón, en donde se desguazó".





Estos niños pobres y sin "futuro"... convertidos en unos principitos por la 'mágica' tía Adelaida, navegaban ahora al encuentro de ese ¡futuro mejor! por el que tanto habían luchado primero sus abuelos y ahora sus padres.

Mañeves ya no tendría que seguir gritándole al mundo: ¡si tengo papá, pero está en Venezuela!... su hermano, siempre callado y tímido, ya no podría ocultar su felicidad... la promesa de su hermanita menor se haría realidad, aunque algunos 'días-años' después y con una variante: "papá no vendría mañana"... sino que serían ellos, los que al cabo de nueve días de apasionante viaje a través de ese querido océano Atlántico, que uniría de ahora en adelante a sus dos patrias y en el barco "Montserrat" llegarían a Venezuela y podrían por fin disfrutar de la mayor felicidad que puede tener un niño... ¡estar al lado de sus padres!...

Tenerife... ¡la tía Adelaida!


Al año de haber viajado mamá a Venezuela, recibimos la noticia de que nos 'mandaban a buscar'... para nosotros una gran alegría... para la abuela Lola una gran tristeza.  Mi hermano y yo éramos unos niños tranquilos y lo que llamaban antes 'educaditos', con lo cuál no le causábamos a abuela mayores problemas, por el contrario habíamos llenado su soledad, ya que su hijo Eugel también había emigrado a Venezuela y ella se sentía bastante sola en su 'pajerito' como ella lo llamaba.
Llegó el día de nuestro viaje y no se de quién fue la idea, si de mi hermano que siempre ha sido muy 'cobarde' para las despedidas o de tía Remedios, tratando de hacer todo más fácil para abuela y para mi hermano -en mí no pensaban mucho...sabían que yo siempre ¡me las ingeniaba!- lo cierto es que la noche antes del viaje, mi hermano no se quedó a dormir con nosotras en el pajero, sino que se lo llevó tía Remedios para su casa.  De madrugada vinieron a buscarme tío Federico con su mula, donde iba cargada nuestra maleta y mi hermano... el cuál no llegó hasta el pajero para despedirse de abuela... 
jamás podré borrar de mi recuerdo ni de mi alma el llanto de abuela al vernos partir!!!

Con tío Federico fuimos caminando hasta el pueblito más cercano donde llegaba la 'guagua' que nos llevaría hasta la capital de la isla para embarcar, ya sin la compañía de tío Federico, hacia Tenerife donde nos esperaba la hermana de papá... ¡la tía Adelaida!


¡La tía Adelaida!... 
una Mujer bellísima, valiente, decidida, luchadora... ¡triunfadora!

Ya lo he dicho, siempre fui una niña con un espíritu muy inquieto y soñadora... al lado de tía Adelaida aprendí que los sueños se pueden hacer realidad... ¡si se sabe luchar por ellos!

Tía Adelaida trabajaba limpiando las oficinas de una compañía naviera y también dos días a la semana limpiaba, lavaba y planchaba en la casa de los dueños de dicha compañía. Su marido, el tío José trabajaba como mecánico en un taller, a pesar de trabajar los dos, vivían en un 'pequeño barrio' compuesto por quince chabolas, ubicado entre los grandes muros de la refinería de petróleo y la parte de atrás de la fábrica de café "Cafesa", el barrio se llamaba precisamente "Trasera Cafesa"  y era una especie de estrecho pasillo donde las chabolas estaban pegadas a la pared de "Cafesa" y sólo quedaba delante de ellas una callecita donde a lo máximo podían transitar dos personas a la vez, pues del otro lado estaba el muro de la refinería. El olor penetrante del petróleo se mezclaba con el delicioso olor del café molido pero el resultado no era desagradable, eran olores muy fuertes que formaban parte de nuestra vida y que desde lejos te hacían sentir que ibas llegando a casa.

Muy temprano en las mañanas mi hermano se iba con el tío José para el taller de mecánica y yo con la tía Adelaida para las oficinas de la compañía naviera. Me sentía en aquellas oficinas como Alicia en el país de las maravillas... grandes escritorios, máquinas de escribir, unos barcos preciosos de adorno sobre los archivos y unas papeleras que eran mi delicia... yo, que en mi pueblito no tenía ni un cuaderno -hacíamos las tareas en unas pequeñas pizarritas que después se borraban y volvías a escribir- podía ahora llevarme de esas papeleras muchos talonarios que desechaban no sé por qué motivo, sin estar usados la mayoría de ellos... ¡ya tenía donde escribir todo lo que quisiera!... creo que fue una de las etapas más felices de mi vida y pienso que allí se definió mi trayectoria profesional en un futuro lleno de satisfacciones y de logros que ni en mis más ambiciosos sueños hubiese podido imaginar... ¡Gracias tía Adelaida!



¡Los 'principitos' de la tía Adelaida!

Al llegar a Tenerife tía nos compró ropa y zapatos nuevos por encargo de  mamá para nuestro viaje. Ella además me compró collares, pulseras y un bolso muy bonito, compras que realizábamos a la salida de su trabajo en la 'Recova'... otro sitio que me pareció mágico.  Allí había de todo y tía tenía la costumbre de caminarla toda, costumbre que he 'heredado' de ella, no puedo ir a un  mercadillo, supermercado o centro comercial sin caminarlo todo, aunque no compre nada.

Al cabo de unos días ya nos había convertido en unos verdaderos 'principitos' y ella lo disfrutaba al máximo, no había tenido hijos y nuestra presencia la llenaba de felicidad.
Todas las tardes nos llevaba al "Parque Municipal"... así lo conocíamos nosotros, después de muchos años cuando regresé de nuevo a Tenerife, me informaron que su nombre completo era "Parque Municipal García Sanabria".









Con nuestra amiga Mary, vecina y ahijada de tía Adelaida, en el parque "Municipal"... ¡en la fuente donde nadaban aquellos espectaculares cisnes!  y... ¡en las chabolas de nuestro barrio "Trasera Cafesa"!
Feliz con mi hermano y mi traje de baño, hecho por supuesto por mi tía Adelaida... ¡el cual me ponía hasta para estar en la chabola!


Tía Adelaida, con sus gatitos comiendo en su platito, su perrito tomando el biberón, su chabola y su increíble belleza... parecía una princesa irreal escapada de un cuento... viviendo a su lado, la realidad y los sueños se entrelazaban para crear un mundo fantástico donde todo era posible...

Gracias tía por haberme enseñado a luchar por los sueños!

sábado, 14 de julio de 2012

¡El Topo del Drago!


Y... con abuela Lola en el ¡Topo'eldrago! comenzando una nueva etapa de nuestras vidas.


Para mí como siempre todo era motivo de alegría y el nuevo cambio me llenaba de ilusión, para mi hermano no sé lo que significaría todo aquello, él siempre ha sido muy callado y le cuesta mucho exteriorizar lo que siente, pero puedo imaginarme que debe haber sido muy dolorosa para él la partida de mamá.


El pajero de abuela Lola desde muy niña me ha parecido mágico, fue y sigue siendo parte importante de mi vida. Cuando vivíamos allí con abuela había al lado de la aljibe una palmera muy bonita, la cuál nos daba cada Semana Santa unos "palmitos" preciosos para llevar a la Iglesia el Domingo de Ramos, a mí me daban el más abierto y tenían que amarrarlo con una cinta rosada y hacerle un lazo, cosa que no me importaba en lo más mínimo, pues como siempre le daba la vuelta al 'detalle' y veía mi palmito hasta más bonito que los demás...
en los alrededores del pajero sembraba abuela las papas, el trigo y la cebada para hacer la harina del gofio y el resto del terreno estaba lleno de 'almendreros' que aún hoy siguen siendo ¡mi pasión!

... en los meses de verano cuando las hojas de los almendreros se secaban, mi trabajo al regresar de la escuela y después de almorzar, era ir a recoger en un 'cesto de mano' las hojas que habían caído al suelo y que servirían de alimento para nuestra cabra, así nos daría más leche con la cuál nos hacía abuela Lola un queso ahumado sencillamente 'exquisito'... me encantaba mi trabajo, me gustaba tanto sentir las hojas secas en mis manos... crujientes, livianas y con aquel color 'oro pálido' tan bonito...  me quedaba embelesada después viendo como se cuajaba la leche, como abuela le iba dando forma al queso, primero con las manos y después en el aro... y al día siguiente con cuanta emoción lo observaba en el 'cañizo' que estaba sobre el fogón de leña donde abuela cocinaba, tomando aquel color amarillo que le daba el humo y aquellas bellas rayas de un tono un poco más oscuro que le iban dejando las tablitas.  Hoy en día cuando voy a comprar queso de cabra ahumado, siempre escojo el más amarillito y con las rayas más acentuadas... ¡así lo hacía abuela Lola! 

¡La tía Remedios... nuestra querida tía Remedios!

Cuando mamá viajó a Venezuela aunque vivíamos con abuela Lola en el pajero, tía Remedios asumió el rol de 'mamá' para nosotros, se ocupaba de vestirnos para salir, de mis 'cortes de pelo' y de todo aquello para lo que abuela Lola 'no tenía gusto'...  
disfrutamos a su lado y al lado de tío Federico, su marido, momentos inolvidables... como aquellos días de verano en ¡la era! para trillar el trigo y la cebada... me encantaba su caldo de lentejas que nunca faltaba para esas fechas y aquellas noches extraordinarias cuando dormíamos todos en la era para cuidar el grano trillado, pero que todavía faltaba 'aventarlo' para sacarle los restos de paja...todavía recuerdo el olor de la paja sobre la que tendíamos las mantas para acostarnos y la sensación de inmensidad al observar acostada boca arriba las copas de los pinos y más allá, en el firmamento, aquel indescriptible manto de estrellas... no podía conciliar el sueño embrujada por tanta belleza... aunque era muy pequeñita ya tenía la capacidad de sentirla en todo su esplendor y en lo más íntimo de mi ser. 

En  esos días maravillosos en la era: Tía Remedios, la abuela María -mamá de tío Federico- tío Federico, el tío Eugel y abuela Lola

Muchas cosas podría contar de mi inolvidable tia Remedios... pero pienso que si hay algo que podría destacarse de tía era su pasión por las fiestas, le encantaba 'no perderse ni una' y en el tiempo que estuvimos a su lado fuimos a varias... 

aquí estamos en la fiesta de San Antonio... tía Remedios, tío Federico, mi hermano, mi prima y yo 'con mi mano en la cintura'  sin poder ocultar mi satisfacción, pues al igual que a tía... ¡me encantaba y me encanta una fiesta!

... tía 'tu peludita' como te gustaba llamarme te recuerda y te recordará ¡siempre!



El tío Federico!

He conocido muy pocas personas con la dulzura, la humildad, la serenidad, la sencillez, la bondad y la ternura de tío Federico... de verdad que me faltan las palabras para hablar de Él...

lo recuerdo cuando llegaba de la costa con su cesto lleno de higos 'tempranos'... todos sus sobrinitos parecíamos un enjambre de abejas alrededor del cesto... jamás olvidaré su cara de regocijo al retirar las hojas de higuera que tapaban los higos y ver nuestras caritas golosas esperando que nos los repartiera...

lo recuerdo haciendo y secando nuestras 'horquetas' para ayudarlo a recoger el pinillo, pues siempre que podía le gustaba llevarnos con él a sus labores del campo...

lo recuerdo en la temporada de las 'nacidas' cuando nos hacía con ellas unos ricos pinchos en palitos de brezo, como me gustaba observarlo con la paciencia que las iba ensartando: primero las grandes y después de acuerdo al tamaño las iba colocando en el pincho hasta terminar con las más pequeñas, después de asarlas les echaba sal gruesa y nos los iba repartiendo como siempre... ¡entre todos sus sobrinos!

Así era nuestro tío Federico, generoso y cariñoso... y cuesta decir "era" porque cuanto nos gustaría tenerlo con nosotros... ¡era tan divertida y entrañable su presencia!

Una de sus últimas anécdotas que tiene que ver conmigo, fue hace unos años cuando yo empece a visitar de nuevo mi pueblito y a no perderme 'ni una de las fiestas'... parece ser que le fueron con uno de esos 'cuentos' tan típicos de los pueblos pequeños... y él tan discreto, condescendiente y genial como siempre se limitó a comentar: "¡no sé yo esa chica de Trasla... dicen que viene caminando sola a las cinco de la mañana después de las fiestas por esa trinchera... no sé yo!"

... siempre te recordaré y te amaré Tío Federico como alguien muy especial en mi vida!


jueves, 2 de febrero de 2012

¡El Pajero!


Lola,
mi abuela materna y...¡El Pajero!

































En su patio al lado del corral de la cabra... recogiendo los huevos de las gallinas, que libres y a su completo albedrío los 'ponían' donde mejor les parecía... y abajo con su hijo ¡el tío Eugel! preparándose 'mangas remangadas' para lavar la 'losa' como ella llamaba los utensilios de cocina.



Abuela Lola no había nacido en nuestro pueblito, llegó a los dieciséis años desde Argual, un barrio de una de las dos ciudades que tiene la isla. Sus padres vinieron buscando trabajo y se quedaron a vivir allí.


No tengo fotografías de mi abuela Lola joven, las que tengo son más o menos de la misma época de las que aquí les muestro. Yo siempre la recuerdo así, vestida de marrón (canelo como ella decía) por una promesa a la virgen del Carmen, y con su pañuelo en la cabeza, me cuentan que desde que se le murió una hijita de nueve meses más nunca usó otro color para sus vestidos. Parece ser que abuela Lola era muy bonita, cantaba y bailaba muy bién y como había venido de la ciudad sabía muchas canciones y bailes que les enseñaba a las chicas del pueblo y hasta organizaban bailes donde hacían sus propias coreografías de bailes típicos.


Ella se había casado cuando ya contaba con treinta años de edad y no tengo muchos datos de su vida de soltera, a no ser lo referente a su actividad "artística". Su marido, mi abuelo Eustaquio, en su juventud emigró a Cuba para hacer 'fortuna' como era la constumbre de los jóvenes de nuestra isla en aquellos tiempos de pobreza y privaciones de todo tipo. Él, creo que tenía cuarenta años cuando se casaron y había regresado de Cuba sin haber logrado las metas que se había propuesto cuando emigró a ese país, o sea que regresó tan pobre como cuando se fué. En su ausencia sus hermanos se habían repartido las propiedades de sus padres y le habían dejado a él lo de menor valor. Entre esas propiedades estaba... ¡El Pajero!


El Pajero como su nombre lo indica, lo usaba mi bisabuelo Alejo -su padre- para guardar la "paja", hierba que se secaba durante el verano para que sirviera de alimento a los animales cuando era escasa en otras épocas del año, es de dos pisos, sólo que al estar encajado en una pequeña laderita, la mitad del cuarto de abajo queda dentro de la tierra a modo de cueva, si lo ves de frente parece una pequeña casita de un piso pero si lo ves de lado o por la parte de atrás puedes ver los dos pisos, tiene una pequeña puerta en la fachada y una ventanita muy pequeña y casi a ras del piso superior, en la pared que está al frente de la puerta, El cuarto de abajo tiene sólo una pequeña puerta. El piso del cuarto de arriba al igual que el techo son de madera, trabajada de manera rústica. El piso del cuarto de abajo que lo llamamos 'la lonja' yo recuerdo que era de tierra, cuando volví después de varios años abuela le había puesto cemento. Toda la construcción es de piedras unidas con cemento. El cuarto de arriba se usaba para guardar la 'paja' mientras que en la lonja se 'hospedaban' los animales que ayudaban en las tareas domésticas, ya que era muy fresca en verano y calientita en los fríos días de invierno.


En ese pajero, que bién podría formar parte de un cuento infantil, nos quedamos mi hermano y yo con la abuela Lola cuando mamá viajó a Venezuela a trabajar, con la intención de regresar después de algunos años como tantos otros emigrantes, con un poco de dinero que pudiera mejorar nuestra forma de vida, pero en realidad en su mente y en su corazón acariciaba la idea de encontrar a papá y formar de nuevo la familia que ella había soñado siempre...

jueves, 22 de septiembre de 2011

Mi querida fiesta de... ¡El Diablo!

FIESTA DE EL DIABLO

TIJARAFE

LA PALMA 2011



martes, 30 de noviembre de 2010

¡Vamos a ver quién llega primero a la higuera!

Mi hermano nunca podría imaginar que aquella invitación que me hacía, significaría tanto en nuestras vidas...

habíamos llegado de la escuela como todos los días y después de almorzar salimos con nuestro postre -higos secos y almendras- al patio de nuestra pequeña casita... mamá que como ya he contado trabajaba en el campo llegaba en las tardes, nos dejaba el almuerzo preparado desde la noche anterior. En las huertas que rodeaban la casa y donde mamá sembraba las papas, teníamos nuestros árboles frutales: un naranjo, un albaricoquero y una higuera, mi hermano (cinco años mayor que yo) me dijo: ¡vamos a ver quíen llega primero a la higuera!... yo sabía que iba a llegar él pues la competencia era muy desigual, pero acepté... ya me las ingeniaré, seguramente pensé como siempre... yo salí corriendo primero y empecé a correr en zig zag delante de él para que no pudiera adelantarme... mi hermano se enredó en mis pies y se cayó, se le incrustó un pedacito de madera en la rodilla y... ese fué el comienzo de nuestra odisea familiar.

Mi hermano fué llevado al hospital de la capital de la isla, ya que después de una semana atendiéndolo el médico del pueblo no había forma de curarle la herida. Luego fué trasladado a Tenerife, una isla mucho mayor, allí fué operado en la clínica de San Juan de Dios, donde se encontraron con que en el hueso de la rodilla había quedado una pequeña astilla de madera que se partió al nosotros tratar de sacarla y la cuál después de tanto tiempo había causado una infección grave.

En Tenerife vivía una hermana de papá ¡la tia Adelaida! una mujer extraordinaria y luchadora... hoy es una anciana, pero nos sigue diciendo ¡disfruten la vida que es bella!... ella entusiasmó a mamá para que viajara a Venezuela a buscar a papá, y después de la recuperación de mi hermano -duró casi dos años- mamá viajó a Venezuela y nosotros nos quedamos con nuestra abuela materna ¡Lola! en nuestro pequeño pueblito y... en ¡El Pajero!... su casa...

miércoles, 18 de agosto de 2010

¡Los Magos!

Mañeves ya tenía cinco añitos, una niña muy vivaracha, llena de vida, de ganas de vivir y de aprender...

dejaba mis juegos infantiles, para sentarme al lado de mi hermano cuando hacía sus deberes escolares, hojeaba sus libros y soñaba con ir a la escuela, aprender a leer, intuía que aprendería muchas cosas que yo no sabía y que estaba ansiosa por conocer. Aquellos años en mi pueblito no existía la televisión y radio tenían muy pocas personas, mi abuelita Lola -la mamá de Traslita- nos llevaba a alguna casa de amigos para ¡oir la radio!... yo, más que "oir" "veía" la radio ¡no salía de mi asombro! de aquella cajita salía de todo... música, conversaciones y aquellos anuncios publicitarios que tanto me gustaron siempre por su genialidad. En realidad todos los que estábamos en la salita donde se encontraba la radio, teníamos los ojos clavados en aquel aparatito tan misterioso, pues no creo que las personas mayores entendieran mucho más que yo de todo aquello.

Traslita continuaba con su ritmo de trabajo, en el campo para ganar el "jornal" y después en la casa con su "bordado de pacotilla" en las noches o en los días que no tenía trabajo en el campo. Nuestra vida familiar yo la recuerdo felíz. Es verdad que faltaba papá y que éramos muy pobres, no teníamos ni agua, nos la daban los vecinos, pues el agua que había en el pueblo era la de la lluvia, que corría por los caminos y se depositaba en aljibes, nosotros no teníamos aljibe, así que teníamos que depender de los vecinos que si tenían, pero gracias a Traslita que era muy trabajadora y la quería todo el mundo nunca nos faltó nada. Hasta nuestro traje típico de "Magos" tuvimos mi hermano y yo... y nuestra fotografía de recuerdo, al lado de una felíz y orgullosa... ¡Traslita!

Tengo la suerte de tener todavía a Traslita a mi lado y aprender de esa sabiduría auténtica que sólo poseen las personas que nunca han dejado de tener contacto con la naturaleza, aunque hayan tenido que vivir en ciudades por largos períodos de tiempo como en el caso de ella. Así, escribiendo estas notas me pregunté ¿por qué llamarían a ese bordado tan exquisito (manteles inmensos en Richelieu) que bordaban las mujeres en mi pueblo para compañías extranjeras: "bordado de pacotilla"?

Buscando en el diccionario los dos conceptos que podrían explicarlo son:

* f. Porción de géneros que los marineros u oficiales de un barco pueden embarcar por su cuenta libres de flete.

* loc. verb. Reunir un caudal más o menos grande con una especulación, empleo o trabajo cualquiera.

...le pregunté a Traslita que concepto sería el más apropiado y me contestó...
¡En nuestro caso eran los dos!

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* aljibe
m. Cisterna.

* mago
Campesino en las Islas Canarias. Actualmente traje típico

*Bordado Richelieu
También conocido como bordado rechi, se caracteriza por ser una técnica costosa, pero con unos resultados espectaculares, pues se basa en combinar relieves y huecos, compaginándolos con dibujos bordados de realce.
Autor: A. Clemente / ©TodoBordados.com

jueves, 12 de agosto de 2010

martes, 30 de marzo de 2010

¡Traslita...


no tenía papá dijo nuestra vecina, pero tenia una madre extraordinaria... Traslita!!!

Pienso que todos decimos lo mismo de nuestras madres, pero en el caso de Traslita, es una opinión generalizada entre todos mis amigos, todos la querían tener de "mamá" y no pocos de mis amigos la llamaban "mi mamá adoptiva", cosa que a ella le encantaba, una de las cosas que más me envidiaron siempre mis amigos fué a ¡mi mamá!

Traslita tenía veintiocho años y era lo que allí llamaban una mujer "abandonada", con dos hijos en torno a los cuáles giraba toda su vida. A pesar de todo era muy alegre y divertida y su cualidad más resaltante, yo diría que era una decisión -que llegaba a la osadía- por vencer las adversidades que la vida siempre le había ido esparciendo en su camino desde muy niña. He hablado de mi optimismo desbordado, pero lo de Traslita no era optimismo, no, lo de ella era una decisión aguerrida por ganar "esa batalla" y las que vinieran.

Mamá era y ¡ES!, una persona muy estricta y absoluta en sus ideas, pero a la vez muy liberal en la práctica, más que una contradicción, son dos facetas de un mismo ser, maravilloso y valioso donde los haya, así nuestra educación siempre fué muy estricta en cuanto a sus interminables "discursos" sobre la moral, la sociedad, la ecología... si, si... ¡la ecología!... mamá era y es una fiel practicante y defensora de la ecología, desde mucho tiempo antes de estar de "moda". Sus reproches hacia nosotros, más que de tipo moral, eran siempre de tipo ecológico. No hace muchos años, yo, que he heredado de ella esta manía por los "discursos", le estaba ofreciendo a ella uno muy bonito sobre ¡ecología!, cuando hice una pausa para que ella pudiera decir algo, me miro y me dijo: ¿ecologista eh?... ¡ecologista es aquel que bota menos!, yo como siempre -muy buena en teoría y bastante deficiente en la práctica- tengo la mala costumbre de gastar mucho papel para todo y a eso se refería Traslita . Siempre la ponía muy triste el despilfarro de todo tipo. Ella, que siempre ha sido una persona muy austera, piensa que los seres humanos no necesitan de tantas cosas para vivir en paz y en armonía con la naturaleza, a la que ama. Ahora en su pequeñísima casita rodeada de flores, coloca un cuenco de agua en el lugar más bonito de su patio, y allí toman agua en perfecta armonia: su gatita ¡Valentina!, los pajaritos y los lagartos, que corretean por el patio a sus anchas...

muchas veces la encuentro observándolos enternecida, y de verdad les aseguro que no le falta razón. Es algo entrañable de verdad, ver con cuanta armonía y respeto, se turnan para beber agua y en el caso de los pajaritos darse unos baños que ya envidiarían los asiduos clientes de los mejores balnearios del mundo.

jueves, 25 de marzo de 2010

¡Tú no tienes papá!!!

Durante los tres primeros años, papá le escribía desde Venezuela a mamá lindas cartas de amor, nos envió también en alguna ocasión dinero, que mamá guardó hasta el último centavo en el banco, pues con lo que ella ganaba trabajando en el campo y con el bordado de los manteles, podía ofrecernos una vida tranquila y feliz. Lo único que nos hacía falta era papá, pero ya regresaría al cabo de algunos años, con el dinero suficiente para comprar una huerta donde poder sembrar lo que necesitábamos, ya teníamos una casita, que la habían construido papá y mamá con sus propias manos y... ¡sus propios pies! pues mamá nos contaba que el barro para hacer los ladrillos y las tejas lo amasaron ellos mismos con los pies y después de formados en moldes, los horneaban para hacerlos más resistentes. Las puertas y las ventanas -de madera y cristales- también las había hecho papá. Así que nuestra casita de dos habitaciones fue construida de forma "artesanal"... por papá y mamá... siempre me gustó mucho esta historia y todavía hoy le digo a mamá que me cuente detalles de todo esto.

Un día mamá recibió una carta de papá donde le decía que no le escribiera más a la misma dirección, pues se pensaba mudar a otra ciudad, que ya él le indicaría la próxima dirección...

no tuvimos más noticias de papá...

las cartas que mamá enviaba a la antigua dirección, eran devueltas con una inscripción en letras rojas que decía: "destinatario desconocido" recuerdo ver a mamá con la cajita donde guardaba las cartas de papá abierta y llorando desconsoladamente mientras las leía. Pienso que para mi hermano que entonces tenía once años debe haber sido terrible... yo en realidad no entendía mucho que significaba todo aquello, además ya lo he dicho, desde muy pequeñita, mi optimismo y mi empeño por cambiar la realidad cuando no me gusta, nunca ha tenido límites.

A pesar de todos estos acontecimientos, nuestra vida era tranquila y casi feliz, sin mayores problemas. Mamá seguía trabajando en el campo y bordando los manteles, mi hermano asistía a la escuela, era muy inteligente y buen estudiante y yo... jugando por aquellas huertas todo el día hasta el cansancio. En las noches después de cenar llegaba el momento que más nos gustaba de nuestra vida familiar, mamá se sentaba a bordar y mi hermano nos leía libros. Había traído de la pequeña biblioteca de la escuela, un libro precioso... ¡Platero y Yo!...todas las noches nos leía una parte del librito, que mamá y yo oíamos con mucha atención y alegría, hasta que una noche mi hermano no siguió leyendo, se quedó con el libro abierto entre sus manos... comenzó a ponerse colorado y rompió a llorar, mamá soltó el bordado y corrió a su lado preguntándole que le pasaba, él no podía hablar, sólo lloraba... mamá le preguntaba sin cesar que le pasaba... y él...llorar y llorar, yo... supongo que me sentiría como el día que se fue papá, con unos deseos inmensos de consolarlo, pero que decirle si no sabía lo que le sucedía, hasta que por fin después de un rato pudo hablar y entre sollozos nos dijo que en el libro decía:

¡La muerte de Platero!...

aquello era terrible... primero se desaparece papá como por arte de magia y ahora... nuestro querido y tierno burrito se muere... comencé a llorar... mamá que ya tenía bastantes motivos para llorar y viéndonos a nosotros desconsolados, tampoco se pudo contener, además de que estoy segura ella también le había tomado mucho cariño a Platero. Así que allí estábamos los tres llorando de nuevo otra vez.

Superada la muerte de Platero, volvió la alegría a nuestras vidas a pesar de la ausencia de papá, pienso que para mamá no sería tan fácil soportarla y sobre todo sufrir la angustia de no saber que ha sido de él, pero no lo demostraba... hasta que un día llegó una vecina a visitar a mamá. Mientras ellas conversaban sentadas en el patio, yo jugaba en las huertas de mi abuela paterna cerca de nuestra casa y hablaba con todo lo que existía a mi alrededor, con las plantas, con los pájaros, con las mariposas, con las piedras, con las nubes... costumbre que me acompaña hasta el día de hoy... ¡ahora le hablo al ordenador!... cuando avast! me dice que se ha actualizado, yo le contesto: ¡más te vale!...

cuando me cansé de jugar regresé a la casa y al llegar al patio, a nuestra vecina no se le ocurrió algo mejor que agarrar mi barbilla y en tono juguetón me dijo:

¡tú no tienes papá!!!...

yo le grité: ¡si tengo pero está en Venezuela!...

cuando pude por fin zafarme de ella, salí corriendo para el cuarto de mamá donde estaba la fotografía de papá sobre la mesita de noche... la apretaba entre mis manitas y la besaba llorando, detrás de mí llegó corriendo también mamá y mi hermano y a llorar los tres otra vez...

aquel cuarto definitivamente se había convertido para nosotros en el ¡muro de los lamentos!

miércoles, 24 de marzo de 2010

¿Quién te lavó la cara hoy?

Mi pueblito, de inigualable belleza, es un pueblito de montaña y sus casitas de piedra están dispersas en una preciosa ladera, formando un anfiteatro. Además de árboles frutales de casi todas las especies, tiene muchos almendros, castaños, y el increíble "Fayal"... un bosque de enormes pinos que junto con las fayas y los brezos, que se cobijan bajo sus sombras, eran la delicia de mi abuela Lola y su rebañito de nietos, en los días calurosos de verano.

El mar se divisa a lo lejos, debajo de los acantilados, pero puedes ver perfectamente desde tu casa si está en calma o si tiene oleaje y comprobar como en ningún lugar del mundo, las estrofas de aquella vieja canción...

"el mar y el cielo se ven igual de azules y en la distancia parece que se unen"...

los vecinos éramos todos gente muy pobre, sólo había dos familias que podríamos llamar ricas, y entre los pobres se distinguían aquellos que por ser emigrantes retornados de Cuba, tenían casitas mejores -de dos pisos- y algunos terrenos más que los demás. Las dos familias ricas y estos "pequeños terratenientes" eran los únicos que ofrecían alguna fuente de trabajo. Con ellos trabajaba mi mamá, pues al emigrar mi papá a Venezuela, tenía que cubrir los gastos de la casa y su única entrada de dinero, era la que obtenía bordando manteles de Richelieu para una compañía. Una vecina era la encargada de distribuir estos manteles entre las mujeres del pueblo, pero sobre esto hablaré más adelante en estos relatos.

Mamá trabajaba durante el día "ganando jornal" y en la noche bordaba aquellos enormes manteles (siempre me he preguntado como podía bordar algo tan fino, con sus dedos muchas veces llenos de grietas por el duro trabajo del campo), yo observaba con admiración como bordaba mi mamá y quería crecer rápido para bordar yo también, mientras tanto me conformaba con "bordar" haciendo puntitos con una espina de naranjo sobre una hoja de col.

Al regresar de la escuela, mi hermano y yo, solos en la casa, pues mamá estaba trabajando, después de comer y hacer los deberes escolares nos dedicábamos a nuestros juegos infantiles en el patio y en las huertas alrededor de la casa. Un día que pasaba el párroco del pueblo por el camino, me vió con la cara no muy limpia al parecer, por la juguetona ironía de su pregunta: ¿quién te lavó la cara hoy? a lo que yo respondí inmediatamente:

¡mi mamá!

...no sé que pensaría el párroco, quien siguió su camino sin decir palabra, pero yo les aseguro que me quedé orgullosa y felíz con mi "cara lavada" por...

¡mi mamá!

lunes, 22 de marzo de 2010

¡No llores que papá viene mañana!

...yo con mis tres añitos quería consolar a mi hermano que a sus ocho años, tenía plena consciencia de lo que significaba que papá emigrara a Venezuela...

papá no vino "mañana"...

lo volvimos a ver después de seis años cuando viajamos a Venezuela a encontrarnos con él, pero yo siempre seguiría enfrentando los momentos cruciales de mi vida, con ese optimismo desmedido que intenta cambiar la realidad. Es esta característica tan acentuada de mi personalidad, la que me ha permitido hacer realidad tantos sueños que parecían de verdad una utopía.

Fué en el patio de nuestra casita de aquel pueblo de montaña, en una pequeña isla en medio del Atlántico, donde comencé a dar rienda suelta a mis sueños. Hablando con las plantas y las mariposas, aprendí desde muy niña a comunicarme de una forma muy particular con todo lo que me rodea... después sería en Venezuela, esa maravillosa tierra ¡mi pasión desbordada! y luego en la legendaria e indescriptible ¡Grecia! donde los mitos, la realidad y los sueños se entrelazan de una forma mágica...

quisiera que estos pequeños relatos de mi vida que comienzan hoy, sean también muy particulares y que lleguen a ustedes tal y como los viví... ¡intensamente!